LOS QUIEBROS DE LA CIENCIA
El camino de la ciencia está lleno de marros o quiebros.
Los filósofos, verdaderos expertos en hacerse preguntas, han tratado de dar contestación a algunas de ellas. Cada uno, tras horas, días, años o toda una vida han vislumbrado y afortunadamente enunciado, posibles explicaciones racionales a los hechos mostrados por la naturaleza.
El verdadero filósofo, con espontánea naturalidad y sobriedad mental, retoma el testigo de otro u otros y apoyándose en las más o menos acertadas o erradas concepciones y parciales conclusiones de sus predecesores, sigue buscando sin desaliento.
No todos consiguen llegar a una conclusión concreta, o rematar una teoría satisfactoria que de explicación a los móviles de sus inquietudes.
Los que lo han conseguido, saben que esa culminación, no es gestión exclusiva de ellos, sino que se ha ido construyendo sobre las racionalizadas teorías de los que les han precedido por similares senderos.
Todos ellos comprenden que el camino está plagado, única y exclusivamente de errores y medios aciertos, porque cuando alguno acaricia con la punta de los dedos, los frutos de la labor de las siempre satisfactorias cavilaciones de tantos pensadores, sabe con meridiana seguridad que estos frutos son tan solo las semillas de los que están por venir.
Es la progresiva búsqueda de la infinitamente alejada realidad. Si alguien cree alcanzarla, comete error, porque ella misma le mostrará que el camino no ha terminado, sino que tan solo es un quiebro.